
Las dos derrotas del equipo de la República Dominicana ante Holanda en el Clásico Mundial de Béisbol representaron una vergüenza para el país.AFP.
21 Julio 2009, 11:47 PM
Béisbol RD tiene fucú y todo parece salir mal alrededor de este deporte
Graves fallos. En un período relativamente corto de apenas meses, todo lo relacionado con el béisbol dominicano ha enfrentado una serie de golpes contundentes que afectan la credibilidad no solo del deporte sino del país
Más rápido que lo que toma a un fanático escribir correctamente el nombre completo de Carl Yastrzemski, el prestigio del béisbol dominicano ha sufrido una serie de golpes, cuyas consecuencias finales ahora mismo son impredecibles, pero que de seguir su curso podrían hacer quedar como un juego de niños la maldición de Tutankamón o las plagas bíblicas que describe el libro de Éxodo.
Con razones y fuentes bien conocidas, el pasatiempo nacional de los dominicanos va cayendo en desgracia y no precisamente de forma imperceptible, sino abrupta y desbocadamente, como rodando por una ladera hacia un abismo profundo y oscuro. Repasemos algunas cuentas del macabro rosario:
La final del béisbol invernal, ganada por Tigres del Licey ante Gigantes del Cibao, fue empañada por un trágico “forfeit” y sus consecuencias, ridículas para un evento que ya supera el medio siglo de existencia.
En la Serie del Caribe de Mexicali, México, Licey terminó con marca de 2-4, la peor de un equipo dominicano desde 1996. Para los dominicanos, ganar la Serie del Caribe es algo rutinario y por lo menos terminar con un balance positivo es casi de carácter obligatorio.
Pero si el resultado de la Pequeña Serie Mundial fue recibido como una alarma de bomba, lo que siguió en el II Clásico Mundial de Béisbol fue la bomba, pero una más potente que la unión resultante de las dos atómicas que lanzó Estados Unidos sobre Japón en 1945. Dominicana fue eliminado en la primera ronda de Puerto Rico al perder, no una, sino dos veces, ante Holanda.
Que el Reino de los Países Bajos haya vencido dos veces en cuatro días a República Dominicana en béisbol era tan probable como que un político en campaña dijera dos verdades consecutivas o que en la isla se acabaran los apagones, una utopía. Pero sucedió.
Más adelante, Alex Rodríguez, Manny Ramírez y Sammy Sosa perdieron sus boletos directos a Cooperstown en lo que se dice “tres tristes tigres...”; José Rijo, asistente de gerente general, y Manny Acta, manager, fueron despedidos de sus altos puestos de trabajo en Washington; varios prospectos quedaron atrapados “in fragantis” por falsificar sus identidades tras firmar contratos millonarios y algunos peloteros establecidos pasaron a la lista de futura asignación, que es lo mismo que decir que fueron degradados.
Y todo eso no ocurrió en un tramo de años, sino de algunos meses, entre octubre y julio. Más rápido del tiempo que le toma a uno aprender a escribir el apellido Yastrzemski sin necesidad de acudir a Google por ayuda.
El béisbol, la industria sin chimenea de República Dominicana y una de las mayores fuentes de orgullo de la isla, pasa por una mala racha peor a la que tuvo Bob Buhl.
Es como si de repente a la pelota quisqueyana le haya caido un “fucú” de magnitudes excepcionales y estuviera pagando una maldición.
“Fucú” es la personificación de la mala suerte extrema y la palabra con que los dominicanos tratan de explicar acontecimientos negativos y trágicos, incluso triviales, que suceden a algunas personas con relativa regularidad.
Se puede ser o tener un “fucú”, dependiendo de la forma en que se use al tenebroso término.
“Puede que Santo Domingo sea el Kilómetro Cero del Fukú, su puerto de entrada, pero todos nosotros somos sus hijos, nos demos cuenta o no”, escribió Junot Díaz en su premiada novela “La breve y maravillosa vida de Oscar Wao”.
Según Diaz, un simple “¡zafa!” anula las vibraciones malditas del fucú.
Pero en la mala racha del béisbol dominicano, en lugar de tratar de exorcisar el maleficio con soluciones (o un gran “¡zafa!” colectivo), los afectados pierden el tiempo dándole explicaciones simplistas e ingenuas.
Pese a que el reprochable episodio de la confiscación de un partido de la final invernal ocurrió en enero, todavía en julio la Liga Dominicana no ha anunciado una sola medida para reducir las probabilidades de que eso vuelva a ocurrir.
A las debacles de Mexicali y San Juan los dominicanos le echaron la culpa al alcohol y las fiestas.
Decir que beberse un par de tragos y bailar una bachata y un regaetton afecta el rendimiento de un pelotero dominicano (a un gringo tal vez le haga daño, pero no a un latino, mucho menos a un dominicano y eso está demostrado, sino científicamente, al menos empíricamente) es negarse a si mismo, es tan tonto como creer que el refresco de frambuesa aumenta los glóbulos rojos en la sangre (que nadie se atreva a decirle lo contrario a un dominicano).
¿Y que dijeron la mayoría de ingenuos dominicanos cuando algunos de sus mejores peloteros fueron reportados o suspendidos como usuariuos de sustancias prohibidas, con admisión y solicitud de perdón incluida de dos y silencio culposo de otro?
¡Anunciaron el descubrimiento de una trama universal, un complot planetario, para enlodar todo lo que huela a dominicano y con eso, resuelto el asunto! Negar la existencia del problema descarta una pronta solución.
Los casos de A-Rod y Sosa son defendibles, después de todo el béisbol no tenía un programa de sustancias prohibidas antes del 2005, el período en que supuestamente ambos fueron tentados por las agujas.
También es bastante comprensible que Washington, con su pobre marca de ganados y perdidos, desistiera de los servicios de Acta pese a que el petromacorisano posee una de las mentes jóvenes más capaces que tiene el béisbol.
¿Pero como se explica que Ramírez haya sido atrapado usando un medicamento que que ayuda a mejorar la fertilidad en las mujeres (aumenta probabilidades de quedar preñadas, para que me entiendan) después de 500 jonrones en el libro y 200 millones de dólares en los bolsillos?
Zoom
Irresponsabilidad
¿Cómo diantres se explica que aún queden “buscones” y “prospectos” dominicanos que se atrevan a intentar engañar al Tio Sam después de lo que pasó con Carlos Alvarez Daniel Lugo (Aka: Esmailyn González), quien está varado en Santo Domingo a pesar de que firmó un contrato millonario con Washington hace tres años?
¿Qué hace el gobierno dominicano para adecentar el ambiente en que se levantan los futuros peloteros? Nada, se queda de manos cruzadas y le deja su responsabilidad a la suerte.
El manual universal de maldiciones dice que éstas son consecuencias de la desobediencia, ya sea contra Dios, fuerzas superiores o reglas establecidas. En el caso particular del béisbol dominicano podríamos agregar que la principal razón de la mayoría de las calamidades actuales son resultados directo de la creencia errada de que los dominicanos somos “los que más sabemos”, sobretodo para violar reglas.
Es posible que para exorcisar un Fucú de las dimensiones del que ataca al béisbol quisqueyano una procesión a Higuey no sea suficiente, se necesitará de mucho trabajo.

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