
11 Julio 2009, 8:19 PM
Salvemos el Black Jak; el barco en que vino Caamaño
El motovelero en que vinieron el coronel Caamaño y otros ocho guerrilleros en febrero de 1973 se cae a pedazos en el muelle de Andrés, en Boca Chica, y con él un capítulo de la historia reciente del pueblo dominicano.
Salvemos el Black Jak; el barco en que vino Caamaño
El motovelero en que vinieron el coronel Caamaño y otros ocho guerrilleros en febrero de 1973 se cae a pedazos en el muelle de Andrés, en Boca Chica, y con él un capítulo de la historia reciente del pueblo dominicano.
Como una lúgubre expresión de desvergüenza ante la memoria y el accionar de los protagonistas de un hecho histórico de trascendencia imborrable, el Black Jak, motovelero en que regresaron al país el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó y sus ocho compañeros guerrilleros, el 2 de febrero de 1973, permanece en el abandono y el olvido en las agitadas de aguas del Mar Caribe, a pocos metros del viejo muelle de Andrés, en Boca Chica.
Allí, entre modernos, impresionantes y costosísimos yates de turistas está semihundido el yate que en su momento sirvió de medio de transporte de la dignidad.
El nivel de deterioro de esta histórica embarcación, proyecta una imagen desgarradora para la conciencia patriótica, testimonio preocupante que hiere y pone al desnudo la actual luxación de valores que prevalece en la sociedad dominicana.
Así como existe un afán desmedido por resaltar la imagen histórica del dictador Rafael Leonidas Trujillo, hay sectores apostando a borrar la legendaria figura del coronel Caamaño y la epopeya de Caracoles.
La embarcación de 13 metros de eslora, 42 pies de largo, con un motor interno de 25 caballos de fuerza, comprado por los guerrilleros en la isla de Antigua a finales de 1972 por 45 mil dólares, permanece recostada sobre estribor, haciendo agua y dejando a la contemplación de los visitantes, conforme los movimientos de las olas, algunos detalles de su cubierta.
Este motovelero es del tipo Chris Chraft Comando, diseñado por los arquitectos navales de apellidos Sparkman y Stevens, y comprado por Hamlet Hermann y Mario Nelson Galán Durán, a un estadounidense de apellido Knudsen
La escasa profundidad de la playa y el hecho de estar varada en medio de dos naves de mayor dimensión que él impiden que el Black Jak se termine de hundir.
El barco fue donado a principio de 1999 al ingeniero Hermann, uno de los que acompañó a Caamaño, por el presidente Fernández. En esa ocasión fue trasladado desde el río Ozama al puerto de Andrés, en Boca Chica, específicamente al atracadero del general Ramón Rodríguez Landestoy (Cuco).
Es versión muy socorrida que el olvido y el deterioro de la emblemática embarcación viene de lejos y que fueron los delincuentes y vagabundos que pululan en la zona los que empezaron a destrozarla desde el momento en que fue anclada.
El ex guerrillero explicó que cuando recibió el barco hizo una inversión de aproximadamente un millón de pesos, que conllevó la instalación de un nuevo motor, eje, velas, equipo de navegación, muebles, equipos sanitarios, así como la reparación del mástil y la quilla, entre otras cosas
En pocas palabras, de un cascaron se logró volver a hacer una embarcación similar a la original, al extremo de que una vez terminado el proceso de rescate, el ingeniero Hamlet Hermann y Claudio Caamaño Grullón, únicos sobrevivientes de la Guerrilla de 1973, utilizaron el motovelero en un recorrido por la costa.
La realidad que se observa en la embarcación proyecta las huellas de un descaro olímpico y colectivo que además de poner en evidencia el desconocimiento de un episodio trascendental de la historia contemporánea del país, expresa una carencia supina de compromiso con el presente y futuro de la Patria.
Así lo advierte con sobrada razón, Emilio Delgado Frías (Pepe), quien lleva tres décadas capitaneando yolas y lanchas en Boca Chica, cuando al cruzar por frente a la embarcación exclamó a viva voz: “Carajo, qué injusticia..!! Qué manera de pagar a Caamaño y sus compañeros de Caracoles”.
Delgado Frías sugiere sacar de las aguas del Mar Caribe al Black Jak, repararlo y colocarlo como pieza de museo en la estación del Metro de Santo Domingo que lleva el nombre del Caamaño Deñó.
En cambio, otros proponen la posibilidad de preservar la significativa embarcación en el Museo del Hombre Dominicano tal como los prometió el Presidente Fernández a los hijos de Caamaño hace dos años.
El tiempo ha transcurrido y el singular velero continúa deteriorándose más que por el implacable salitre del mar por la indiferencia de aquellos llamado a dar un mejor ejemplo.
Además de Caamaño y Hermann, en el Black Jak viajaron Heberto Geordano Lalane José, Mario Nelson Galán Durán, Alfredo Pérez Vargas, Ramón Euclides Holguín Marte, Juan Ramón Payero Ulloa, Carlos Toribio Peña Jáquez y Claudio Antonio Caamaño Grullón.
La llegada
El Black Jak tocó las costas Sur, próximo al poblado de Estabanía, en Azua, a las 7:30 de la noche del 2 de febrero de 1973, tres días después de lo programado originalmente. Los inconvenientes en el camino fueron diversos, según narra Hamlet Hermann, en la tercera edición de su libro “Caracoles: La guerrilla de Caamaño”.
El bote fue dejado abandonado mar afuera con un letrero que confirmaba la presencia de Caamaño y los guerrilleros en el territorio nacional.
Exterminada la guerrilla, el barco fue donado por el entonces presidente Joaquín Balaguer al vicelamirante Ramón Emilio Jiménez Reyes, quien lo dejó abandonado en el río Ozama.

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